miércoles, marzo 12, 2008

La parábola del lagartito pródigo

Érase una vez un huevito de lagarto, rescatado con un cucharón de una muerte segura en el piso de un baño, que fue depositado en un nido de lagartijas para que fuese incubado a su suerte.


Érase yo su madre adoptiva, sin esperanzas de que el pequeño sobreviviera a un entorno tan salvaje y hostil (la terraza).
…:::…
Pero hete aquí que en una noche de verano, tres meses más tarde…



Es verdad que los lagartos son mudos y no pudo decirme nada, pero es porque es chiquito y todavía no aprendió lenguaje de señas. Él es muy capaz, pero bueno, la maestra que le tocó este año no lo comprende.
He constatado por mí misma que los lagartitos son mejores hijos y más afectuosos que las personas, y estoy segura que los expertos de Massachussets lo ratificarán a la brevedad. Por eso digo ¡Señora, no tenga hijos, incúbelos!
Hasta ahora el único disgusto que me dio es haberme traído una nuera arrastrada y trepadora, pero conversando con mis comadres llegué a la conclusión de que toda suegra califica así a la novia de su hijo aunque no sea una lagartija en el sentido literal de la palabra.

2 comentarios:

cacta dijo...

.

IIIIUUUUUGGGGG!!!

LOS ODIO, LOS ODIO CON TODA MI ALMA!!! MATUASTOS!!!

en realidad no los odio, vos sabés que no los odio... el problema es que son el bicho más humano que existe, y siempre he tenido la desgracia de tener que matarlos de un pisotón...
Y te miran con esa cara que te hacen sentir tan culpable!!!
Salvo esa vez que tiré a uno por el inodoro, y el desgraciado no se iba...
Perdón Pili, pero nunca voy a compartir tu gusto por eso!

Ni tampoco voy a ser tia de un matuasto!!!

Pirlusa de la Sapinonda dijo...

pobrecitos... pobrecitos!
no son venenosos ni hacen nada, echalos al jardin y que vivan su vida. el mundo es grande. tu compasion no.. ¡SNÑÑIGGGFFF!
(moquea)